Lugar de la provincia de Zaragoza.
Perteneciente al municipio de Fuentes de Ebro.
Habitantes: 50
Altitud: 287 metros sobre el nivel del mar.
Dista de Zaragoza 29 kilómetros.
Gentilicio: Rodenero

Arriba, en lo alto del monte, sólo hay ruinas, aunque todavía se mantiene en pie la torre de la antigua iglesia gótica. El antiguo pueblo se recorta sobre el horizonte y la luz se cuela por los agujeros de las paredes de piedra gris y blnca. Ni tejados, ni puertas, ni ventanas. Se nota que por allí pasó la guerra. Pero no fueron las bombas, sino los hombres.

- Desmantelaron todo el pueblo para hacer fortificaciones en el frente de Belchite.

Rodén conservo sus piedras antiguas, nada más. Los restos de su castillo. Agonizó y hasta llegó a sentir los estertores de la muerte, pero no murió. Entre otras cosas, porque los pueblos no mueren mientras quedan los hombres en pie. Y Rodén tuvo sus hombres. Y el nuevo pueblo se levantó al pie de las ruinas del viejo, junto a la carretera; a la sombra del pasado.

- Aquella era mi casa -Román Salvador señala un edificio debajo de la iglesia-. Allí nací.

El antiguo casco urbano buscó la altura cimera del monte, para mirarse en la vega que va de Fuentes a Mediana, con el río Ginel -más bien arroyo-, cuyas aguas poseen la propiadad de endulzar las cebollas de la zona y de acelerar el desarrollo de las hortalizas. Agua que es riqueza vertida sobre los campos.

- En el pueblo antiguo no había agua, tenían que subirla las mujeres, con los cántaros sobre la cabeza.

Las ruinas del viejo Rodén, en lo alto, están llenas de recuerdos para los habitantes del pueblo nuevo. No pueden curar su nostalgia, porque el pasado les acecha constantemente, y quién sabe si por eso mismo siguen siendo fieles a sus tradiciones.

- Eramos cincuenta y dos habitantes y recientemente se marcharon dos, así es que nos hemos quedado en el medio centenar justo. Si quiere los contamos.

Uno piensa que los habitantes de un pueblo así tienen que ser felices, porque todos se conocen y participan de las mismas inquietudes; comparten las penas y alegrías, y hacen de la estrecha convivencia su realidad cotidiana.

El pueblo nuevo podría definirse así: una calle y una plaza. En la plaza, la iglesia parroquial de San Martín. Tejas rojas y fachadas blancas. Calle orientada hacía las ruinas del viejo Rodén, que hacen la rueda fantasmagórica al presente.

Tan sólo he visto un bar y una tienda (que ya no existen). ¿Para qué más? Fuentes de Ebro está a poco más de tres kilómetros y Zaragoza a menos de treinta.

La jota clásica enseña la ruta:

De Fuentes se va a Rodén

y de Rodén a Mediana:

allí me enamoré yo,

medianica fue la chanza.

Las montañas grises, pobladas de tomillo, enseñan a trechos la blancura del alabastro. Toda la zona es rica en canteras. Hasta los viejos edificios fueron construidos, en su mayoría, a base de piedra de alabastro. En los nuevos, en cambio, utilizaron el ladrillo preferentemente, y el revoque alisando superficies sobre las que luego poder dejar correr la cal generosamente.

- El nuevo pueblo está mejor emplazado que el viejo.

- Pero resulta menos pintoresco.

- ¿Y para qué seguimos teniendo los dos?

En el pueblo viejo llegaron a quedar tan sólo seis o siete viviendas cuando la guerra, las que empleaban los altos mandos. Después no pareció rentable levantar los nuevos edificios sobre las ruinas de los antiguos. Se trazó la calle, recta y amplia, y se dibujó la plaza. Y allí mismo la nueva iglesia también, con su torre cuadrada.

La mayoría de las casas son de una planta y disponen de su pequeña zona ajardinada. Rodén cuenta con los servicios necesarios para que la vida de sus habitantes discurra sin problemas. Aunque éstos no faltan, porque son propios de todas las comunidades por pequeñas que sean.

Hablan del castillo. Aún se puede ver su emplazamiento. ¿Está ligado al origen del pueblo? Se sabe que Rodén perteneció en 1291 a Pedro Jordán de la Peña, señor de Arenós, y después a la mitra de Zaragoza. Guitart Aparicio no le concede demasiada importancia que se reduce, según él, a un recinto obolongo de unos treinta metros por dieciséis. Sin embargo, Labaña llamó a este castillo la torre del arzobispo de Zaragoza, y Madoz lo describió como una construcción solida, al parecer obra de moros.

- Todo esto estuvo poblado de moros.

En la historia de muchos de nuestros pueblos, que vivieron un periodo de prosperidad durante la morisma y luego, la con explusión de ésta, languidecieron, poruqe la repoblación no llegó en todos los casos a llenar el vacío que dejaron los expulsados.

En Rodén fue siempre tradición que los últimos pobladores procedían de las montañas del antiguo reino de Aragón.

- Los cristianos viejos vinieron del Pirineo cuando expulsaron a los moros -explica el sacerdote-. al menos, es creencia popular que sucedió así.

- ¿Los documentos parroquiales más antiguos?

- Proceden del siglo XVII. La primera partida está fechada en el año 1690.

Algunos historiadores discuten, sin embargo, que Rodén tiene mayor antigüedad que Fuentes y que hubo uno época en que llegó a sumar también más habitantes. Es de suponer, de todas formas, que la zona -el valle que se prolonga hasta Mediana- se poblaría al mismo tiempo, como sucedió con la mayoría de los valles correspondientes a la cuenca del Ebro.

Cuando llegan las fiestas de San Martín, el 11 de noviembre, todo el pueblo se da cita en la plaza. Vuelven muchos de los que se fueron, porque perdura la tradición de antaño y sueltan vaquillas y los festejos se desarrollan en paz y armonía.

Acuden de Fuentes, de Mediana y hasta de Zaragoza. Luego todo el pueblo se reúne en el bar.

- Despues de la procesión hay refresco.

Conserva el nombre de refresco el hecho de beber unas copas y comer unas pastas. Son muchos pueblos aragoneses los que mantienen esta costumbre, sin tratar de modernizar el vocablo.

- El día de la fiesta mayor se caracteriza porque hacemos el dance después de la procesión -señala Román Salvador-; la pena es que no podemos hacerlos todos los ñaos, porque como somos tan pocos...

- ¿Participan todos los habitantes del pueblo?

- Digamos que la totalidad de los jóvenes y otros que ya no lo son tanto.

La calle y la plaza bullen de animación. Rodén aparece vestido con sus mejores galas, banderas y guirnaldas adornando la totalidad del casco urbano.

Se desconoce la antigüedad del dance, porque el libro actual es una copia escrita a máquina por Florencia San Román, el 15 de diciembre de 1938. En total son 993 versos que los distintos personajes recitan ante la imagen de San Martín, en medio de la plaza. Aparecen el mayoral, el rabadán, el ángel, el diablo, el capitán turco, el capitán cristiano, y un lugarteniente del general turco, llamado Leví. Siguiendo el texto, cabe deducir que el dance surgió posteriormente a la expulsión de los moros por Felipe III, porque se refiere a la guerra que acabó y narra lances relacionados con el propio pueblo. Indudablemente, está basado en hechos históricos, como sucede con la mayoría de los dance.

La ingenuidad de los versos llega al público que forma corro en torno a los danzantes:

Mocitas las de Rodén,

ya la guerra se acabó,

y ni mozos ni casados

hombre ninguno murió.

Como quiera que se carece del vestuario apropiado, los danzantas van provistos únicamente de una banda que los distingue de los demás. Tan sólo el diablo, el ángel, el mayoral y el rabadán visten con cierta propiedad. Los versos finales sirven, como es costumbre y tradición en estos casos, de agradecimiento y despedida:

Sólo nos resta, señores,

darlas las gracias a todos,

al ilustre Ayuntamiento,

señor predicador y párroco,

y que San Martín glorioso

nos de la salud completa,

para celebrar otro año

con tanta salud las fiestas.

Nunca faltan las improvisaciones, con el fin de actulizar la intención del texto primitivo. Al final del recitado hay una danza de espadas y después siguen las de palos. El dance en sí, es de corta duración y se sigue con facilidad. El acompañamiento se supone que fue, en un principio, con dulzaina y tambor; ahora basta con un clarinete.

Pero el esfuerzo de las gentes de Rodén queda fuera de dudas, puesto que no han dejado morir su dance, por resucitarlo cada año cuando llegan las feistas de San Martín; el problema es reunir el número de personas que exige la representación.

Es así como se mantiene en pie un pueblo, aunque las ruinas del ayer constituyen una presencia permanente en el horizonte.