
El viento registrado el sábado 14 de febrero, jornada en la que el municipio celebraba el Carnaval, dejó una imagen inesperada en lo alto del campanario de Fuentes de Ebro: la veleta de la Iglesia de San Miguel Arcángel quedó descolgada tras dañarse el soporte situado en la cumbrera, permaneciendo suspendida únicamente por el cable conductor de descarga eléctrica que formaba parte del sistema pararrayos.
Ante la incidencia, se procedió al corte y acordonamiento preventivo de la calle Doctor Zamenhoff. El personal municipal y los Bomberos aseguraron provisionalmente la pieza desde el interior del campanario, evitando riesgos para la vía pública.
La retirada definitiva se llevó a cabo el martes 17 de febrero, a primera hora de la tarde, mediante la intervención del Cuerpo de Bomberos de la Diputación Provincial de Zaragoza. Efectivos de los parques de Caspe y La Almunia desarrollaron el operativo con medios especializados y bajo estrictas medidas de seguridad, desmontando la veleta y garantizando la solidez de la estructura superior del campanario. Finalizada la actuación, la circulación se restableció con normalidad.
Un templo con cinco siglos de historia
El episodio ha vuelto a situar en primer plano uno de los elementos más reconocibles del perfil urbano de la localidad. La Iglesia de San Miguel Arcángel hunde sus raíces documentales en 1466, cuando el arzobispo de Zaragoza autorizó la construcción de un nuevo templo parroquial. Aquel edificio sería sustituido en 1535 por decisión de don Juan Fernández de Heredia y Ximénez de Urrea, tercer conde de Fuentes, quien encargó la traza al arquitecto francés Quinto Pierres Vedel.
La torre actual no pertenecía al proyecto original. La primitiva, de tradición mudéjar y vinculada a fases constructivas anteriores del templo, fue declarada en ruina y demolida en 1881. En su lugar se levantó la actual, diseñada por el arquitecto Félix Navarro. De planta cuadrada y fábrica de ladrillo, combina historicismo y eclecticismo finisecular, con decoración escultórica en piedra caliza en sus aristas —los símbolos de los cuatro evangelistas— y un chapitel rematado por una veleta con la figura de San Miguel.
Durante la Guerra Civil sufrió importantes daños y fue objeto de trabajos de consolidación promovidos por la Dirección General de Regiones Devastadas. Aquella intervención permitió garantizar la seguridad estructural mediante rellenos y soluciones constructivas de carácter provisional, en un contexto de urgencia, pero sin abordar una restauración integral del conjunto.
La restauración integral de 1998
Fue en 1998 cuando se acometió una intervención estructural en profundidad, planteada con criterios de rigor técnico y respeto patrimonial hacia el monumento. La obra fue ejecutada por la empresa local Rescosa —de los hermanos Paco y César Morales— bajo la dirección del arquitecto de la Diputación Provincial de Zaragoza Joaquín Soro López y con la participación de la aparejadora Ana Ferrer.
El detonante fue la caída de un florón de piedra, desprendido a causa de un nido de cigüeña, que llegó a caer en el patio de butacas del antiguo cine. A partir de ese episodio se impulsó la restauración integral de la torre.
La consolidación definitiva incluyó la sustitución de antiguos rellenos por fábrica de ladrillo ejecutada con aparejo tradicional y la recomposición de esquinas deterioradas. Se procedió también a la limpieza completa de los paramentos y a la restitución de elementos parcial o totalmente dañados, procurando preservar cuantos componentes originales fue posible y reforzar la coherencia constructiva del conjunto.
Se retiraron entre cuatro y cinco nidos de cigüeña que comprometían la estructura y se instalaron bastidores con malla en los huecos del campanario para impedir la entrada de palomas. Asimismo, se incorporó un sistema de descarga eléctrica con finalidad disuasoria.
Los florones originales, gravemente deteriorados, fueron desmontados y hoy se conservan en la sacristía. En su lugar se colocaron reproducciones realizadas con piedra prefabricada elaborada a partir de piedra molida de la propia localidad, utilizando moldes fabricados por Paco Morales para garantizar fidelidad en textura, color y acabado.
También se intervino el friso situado bajo el campanario, cuyas piezas cerámicas de resalte tuvieron que ser sustituidas en numerosos casos. El chapitel fue igualmente objeto de actuación: la empresa local Beramur —integrada por Mario Gazol, Santiago Colera y Ángel Colera— desmontó la antigua cubierta y ejecutó e instaló las planchas de madera forradas de latón que conforman el revestimiento exterior actual.
En las aristas de la torre se conservaron las figuras originales de los cuatro evangelistas, una de las cuales mantenía en su parte posterior la firma de su autor, detalle que permitió documentar su origen.
La nueva veleta: precisión técnica y equilibrio artesanal
En el marco de esa restauración se decidió renovar completamente la veleta, cuyo estado era muy deficiente. La anterior, muy oxidada y fragmentada, funcionaba mediante un sistema de giro de hierro contra hierro, sin cojinetes, lo que había provocado un desgaste progresivo hasta impedir su correcto movimiento.
La nueva veleta fue encargada a la empresa Beramur dentro de la intervención desarrollada en 1998. La figura de San Miguel, de aproximadamente 140 centímetros de altura y siguiendo las dimensiones del modelo anterior, fue cortada en chapa mediante tecnología láser en Talleres Moreno, por encargo de la empresa responsable, como parte del proceso de fabricación.
El equilibrado se resolvió de manera artesanal, incorporando plomo en el contrapeso unido a la flecha hasta alcanzar el equilibrio exacto del conjunto.
Para permitir la instalación de cojinetes y garantizar un giro fluido y duradero, se sustituyó la barra antigua por una nueva. El sistema de anclaje se resolvió mediante una chapa soldada a la estructura del chapitel, sobre la que se instaló un rodamiento y una chapa de cierre que aseguraba el conjunto.
Se conservó la esfera original, de bronce con interior de madera, en cuyo interior se hallaron restos de bala, testimonio de los enfrentamientos registrados en la localidad durante la Guerra Civil.
Aquella intervención, ejecutada con rigor técnico y un marcado carácter artesanal, permitió recuperar la funcionalidad plena de la veleta —concebida para girar y actuar como pararrayos— y devolverle su esplendor como remate del campanario.
Un perfil en suspenso
Hoy, tras el episodio provocado por el viento, el campanario se presenta provisionalmente sin su remate.
La torre de San Miguel ha atravesado siglos de transformaciones, reparaciones y renacimientos. El perfil de Fuentes queda, por ahora, en suspenso. Será el tiempo el que determine si la silueta del arcángel vuelve a recortarse en el horizonte, allí donde el viento dejó esta vez su huella.




