El reestreno del pasacalles El Barrio de Postín, celebrado el 23 de abril de 2026 durante la programación de San Jorge en Fuentes de Ebro, ha servido para recuperar y poner en valor la figura de Salvador Azara Serrano (1886–1934), uno de los músicos aragoneses más relevantes del primer tercio del siglo XX.

La interpretación de la pieza, a cargo de David Mainar y Néstor Gracia (bandurrias) y Guillermo Gimeno (guitarra), devolvió a Fuentes una composición estrechamente vinculada tanto a la tradición musical como a la trayectoria de un autor cuya obra ha permanecido en el olvido durante décadas.

Un músico nacido en Fuentes con proyección nacional

Salvador Azara nació en Fuentes de Ebro el 25 de agosto de 1886, en la calle Portal nº 1. Desde muy joven mostró una marcada inclinación musical, desarrollando una formación sólida que combinó estudios musicales y eclesiásticos con una amplia base intelectual.

A lo largo de su trayectoria desempeñó un papel destacado en la vida musical aragonesa como compositor, organista y director, accediendo por oposición a distintos cargos de responsabilidad. Entre ellos, su labor en la Basílica del Pilar como profesor de canto gregoriano y su posterior nombramiento como Maestro de Capilla de La Seo de Zaragoza, uno de los principales puestos musicales de la ciudad en ese momento.

Su reconocimiento trascendió el ámbito regional, especialmente a partir del estreno de su Miserere en 1921, una obra considerada innovadora por la crítica de la época y que alcanzó proyección nacional tras su interpretación en el Teatro Real de Madrid en 1925.

Una obra entre tradición popular y lenguaje técnico

Entre sus composiciones se encuentra El Barrio de Postín, un pasacalle concebido como pasodoble para guitarra y bandurrias, dedicado a la Comisión de Festejos del barrio de San Lorenzo de Zaragoza. La pieza adquirió notoriedad en su momento al ser obra obligatoria en un concurso de rondallas celebrado en 1923. La composición destaca por su complejidad técnica y por el uso de notación en cifra, un sistema poco habitual que refuerza su singularidad dentro del repertorio popular.

Recuperación de una partitura olvidada

Durante décadas, la partitura ha permanecido prácticamente olvidada en los archivos musicales de la diócesis de Zaragoza. Su recuperación ha sido impulsada por el área de Cultura del Ayuntamiento de Fuentes de Ebro, en una iniciativa orientada a rescatar y difundir el patrimonio musical vinculado al municipio.

El proceso ha contado con la colaboración de José Antonio Esteban Lapeña, responsable de la transcripción de la obra, y de Alfredo Pérez Pérez, encargado de su edición, lo que ha permitido hacer nuevamente interpretable una pieza que hasta ahora permanecía fuera del alcance del público.

Una figura clave en la música aragonesa del siglo XX

A lo largo de su trayectoria, Salvador Azara desarrolló también una intensa labor docente, llegando a ser director del Conservatorio Aragonés de Música y Declamación, institución que sentó las bases del actual Conservatorio de Zaragoza, y contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de músicos.

Su producción abarcó distintos géneros, desde la música religiosa —la más numerosa— hasta obras sinfónicas, de cámara y teatrales, lo que refleja una trayectoria amplia y versátil.

Desde el punto de vista estilístico, su obra se sitúa en el contexto de la renovación de la música religiosa en España durante el primer tercio del siglo XX, destacando por la incorporación de corrientes europeas contemporáneas y por un lenguaje propio que combinaba tradición y modernidad.

Reconocido por la crítica de su tiempo, con figuras como Joaquín Turina o Adolfo Salazar, en 1934 ingresó en la Academia Aragonesa de Nobles y Bellas Artes de San Luis. Ese mismo año falleció en Zaragoza, a los 48 años, lo que contribuyó a que su obra quedara durante décadas fuera de los repertorios habituales.

El reestreno de El Barrio de Postín supone, en este contexto, una oportunidad para redescubrir su legado y avanzar en la recuperación de una figura estrechamente vinculada a Fuentes de Ebro, cuya aportación a la música aragonesa comienza ahora a ocupar de nuevo el lugar que le corresponde.


Fotografía: De izquierda a derecha, los fuenteros Salvador Azara, Vicente Rincón y Santiago Lapuente

Sergio Ramo